El General Villa

Llegamos a donde la bruja… o la materia.. como le dijo el indio a mi amiga Zulema, la que quería que le quitaran la maldición gitana que tiene desde la preparatoria porque a sus 41 años aun no encuentra marido. Lo que nadie se atreve a decirle es que cuando usa tenis, le apestan los pies y debería depilares los pelos del bigote…

 

Jamás he sido creyente fiel. Si lo soy de Dios, pero solo hasta donde el miedo me alcanza. Como cuando vas a la primer entrevista de trabajo, o a la primera cita y rezas a todos los santos para que no parezcas pendejo frente a la chica que llevas observando desde hace tres meses en la clase de química. También lo soy de vez en cuando al escuchar ruidos extraños por la noche después de ver una película de terror basada en hechos reales. Esas como las de los exorcismos o casas poseídas por espíritus maniáticos y diabólicos. Ahí es cuando me medio acordaba del padre nuestro que me aprendí para la primera comunión. Así es… cagadamente católico con un aire de ateo arrepentido.

Vine a dar a la casa de los devotos del Niño Fidencio después de visitar San Luís Potosí en un viaje con amigas. Estábamos aburridos del trabajo en la facultad, no soy profesor… Peor aún, manejo la contabilidad del distrito que es todavía más pedante que dar clase en una secundaria o primaria.

En fin, a mí estaban por correrme del trabajo, aun así, me fui de viaje. Nos montamos en el avión, tres amigas más y yo. Según esto para cuidar de ellas, ya que ninguna sospechaba que si llegaban los del algún cartel yo sería capaz de salir corriendo antes que ellas. Tampoco se trataba de ir de hotel en hotel acostándome con cada una de ellas, ninguna me parecía atractiva… Ni siquiera para una noche. Eran bastante mayor que yo y demasiado fuera de condición. A mí me gustaba el boxing de igual manera que el comer.

Fuimos a dar con la casita de madera sobre una cima a no sé cuántas horas fuera de la ciudad de San Luís. No toda la gente hablaba español, y muchas de las mujeres traían el cabello colocado con estambres de colores y canastas de comida sobre la cabeza. Se montaban en los autobuses con jaulas de palos llenas de pollos y palomas… Que peste hacía.

Llegamos a donde la bruja… o la materia..como le dijo el indio a mi amiga Zulema, la que quería que le quitaran la maldición gitana que tiene desde la preparatoria porque a sus 41 años aún no encuentra marido. Lo que nadie se atreve a decirle es que cuando usa tenis, le apestan los pies y debería depilares los pelos del bigote.

En fin… Allá fuimos a dar, caminando la sima hasta donde estaba la casita de palos, había una pileta cerca de la entrada debajo de un árbol de anonas. Tenían un chiquero al fondo de la casa, lo olí antes de encontrarlo. A un lado estaba el baño… un gran pozo en la tierra, y para algo de privacidad, tres paredes de palitos con una cortina de trapo… mierda.

Llegamos cerca de las 5 de la tarde… Teníamos que quedarnos a dormir allí… mierda. Era Enero, hacia frio y no había agua caliente. Llegamos bastante agitados mis amigas y yo, sus enormes caras rojas pulsándoles la sangre por el movimiento físico. A mí me pesaban las cervezas de anoche, se me bajo la cruda a mitad de cima. Nos ofrecieron café negro y nos sentamos a comer un enorme tamal… zacahuil le llamo el indio. No tenía dientes y parecía que los huesos le iban a atravesar su piel canela… Silvestre creo que es su nombre en español.

Nos sentamos a comer todos los creyentes excepto la materia… Así se referían a las tres mujeres que estaban por recibir los espíritus que llegaban del otro mundo. Doña Mari recibía al Santo Niño Fidencio Gabriela hablaba un dialecto que no entendía… en sí su español era malo, pero daba limpias y levantaba molleras Doña Silvia me impacto más que todas. Decían que en ella se materializaban espíritus de seres queridos. Esa noche me tocó a mí la gran sorpresa… en ella se materializo el General Villa. No lo hubiera creído si me lo contaran… en medio del rito de cruzar sobre la ollita con sumerio, y ver a Gabriela con los ojos cerrados recorrer y reconocer a las personas haciendo línea para que les quitara sus malestares y maldiciones; que más bien eran el resultado del mal gobierno en un país pobre. Y mientras a Doña Silvia le cambio la voz, se le pusieron los ojos en blancos y empezó a curar al niño con porfiria, y a sobar a la señora que venía desde Tampico con cáncer de estómago, y a acomodarle el niño a Mireya que tenía 7 meses de embarazo y que además llego caminando… escuche una voz ronca que me mentó la madre con mucho afecto. Andaba Doña Silvia descalca con su habito blanco y rojo. Su voz tranquila ahora era ronca y fuerte, los ojos no se le cerraron ni se le pusieron en blanco. Los traía completamente abiertos pero su color café claro estaba obscuro como la noche. Se le borraron las canas y de ella provenía un olor como a caballeriza. Me quede parado frente a ella sin habla con la boca media abierta

– ¡y tu pendejo! ¡déjate ya de chingaderas a ver si vas aprendiendo a hacerte hombre de una vez! ya no estés perdiendo el tiempo a lo pendejo y cuida de tu chingada madre que ninguno de tus hermanos vale madre, pero a ti es al que más le llora. Y deja esa pinche vieja zorra y búscate una que si valga por lo que le estas reventando el hígado a tu madre baboso… y ya quítate pendejo no ves que voy a pasar

Siguió caminando sin voltear a verme siquiera. Siguió mentando madres y dando órdenes como imagino lo hubiera hecho el mismo general. Se me callo la cara de vergüenza. Había pasado navidad y año nuevo y yo ni siquiera le llame a mi mamá. Llevaba así ya casi 11 años. Siempre por querer llevarle la contraria, me enrede con una vieja… una pinche vieja que me hacía llorar lágrimas de sangre y me estaba cagando la vida. No podía dejarla porque cualquier cosa era mejor que regresar con la cara llena de vergüenza a decirle a mi mamá que me había equivocado.

Nos quedamos a dormir, toda la noche no se me calentaron los pies. No sé quien más se dio cuenta de lo que me dijo el general… a mí me faltaba valor, pero me hice el pretexto de que era una orden. No tenía cara para volver a casa de Inés y terminar con ella y sus tres hijos de nosequienchingadosperonomios. Dejé con ella mi ropa, mis cosas y jamás volví. Deje el teléfono a propósito en un baño en la estación de autobuses saliendo de San Luís a Veracruz donde tomaríamos el avión de vuelta a Houston.

Volví a casa, con mi mamá. Me dolió ver la casa descuidada con más madera que pintura en las paredes de afuera. Cuando abracé a mi mamá la sentí pequeña y acabada, tenía un mechón grande de canas. Esa noche dormí en casa después de más de 9 años, a eso de las tres de la mañana me despertó un olor a caballeriza. Me volví a acordar del padre nuestro de la primera comunión, pero me retumbaba tan fuerte el corazón que no lo pude terminar. Escuche una respiración fuerte a lado o tal vez era la mía que no reconocía porque seguía siendo igual de miedoso que a los 10 años… murmure …se me quito lo pendejo general… Y así como lo dije desapareció el olor a caballeriza, se me acostumbraron los ojos a la obscuridad y me quede dormido. A la mañana siguiente vi el retrato del general villa en la cocina de la casa de mi madre, con una velita blanca a medio quemar por debajo. En la esquina había un papelito blanco doblado en cuatro partes, lo desdoble … Mi general, quítale a mi hijo lo pendejo ….

 

 

 

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Author: Rivas88

Single Mom from Texas. Literature major college graduate.

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